Nada es lo que parece: los mitos y realidades de usar doble mascarilla para prevenir el Covid-19

Con la evidente llegada de la tercera ola del coronavirus, que amenaza con ser aún más fuerte que la segunda, la imagen de personas utilizando la doble mascarilla se ha vuelto cada vez más usual. Se trata de una técnica que busca aumentar la eficacia de la protección facial combinando una FFP2 y otra quirúrgica, pero esta técnica conlleva unos riesgos a tomar en cuenta.

En los centros sanitarios, especialmente entre el personal médico y de enfermería, es donde se percibe más el uso de la doble mascarilla. La razón es porque muchos sanitarios buscan proteger la mascarilla quirúrgica de alguna salpicadura para que se prolongue su tiempo de uso. No lo hacen para aumentar la eficacia, sino por un motivo económico.

Según explicaban desde el Servicio Murciano de Salud ante una pregunta realizada en el mes de noviembre, de hecho, no existen todavía estudios científicos que avalen la eficacia del uso de la doble mascarilla para disminuir el riesgo de contagios de la Covid-19, por lo que cabe tomarse con precaución el uso de esta técnica.

Añadir mascarillas extra puede hacer que respiremos con mayor dificultad o que el ajuste sea peor. «Si combinas varias capas, comienzas a tener una eficiencia bastante alta para bloquear la salida de los virus y su entrada», explica Linsey Marr, experta en transmisión de virus del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia en The New York Times.

En realidad, lo más importante es llevar la mascarilla bien colocada. Además, no solo hay que ponerse este sistema de protección, también es necesario cumplir con otras medidas, como el lavado de manos y el distanciamiento social.

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